Sergio Francisci | Entonces entra Troya en el caballo

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ENTONCES, ENTRA TROYA EN EL CABALLO

El infierno y el paraíso. Evitar el infierno y ganar el paraíso. Ventero, la taberna está sitiada. A construir una escalera para trepar el muro, manos en aceite y discos de corte. Entonces, laberinta al minotauro: tauromínimo. Entonces, Teseo y Aquiles salen del cabaret. Entonces, entra Troya en el caballo. Aberración de la fábula, aberración de espéculo. Se sigue la tribulación de la palabra o, si desea, mire cómo baja la luna del cielo. Entonces, laberinta al minotauro: tauromínimo.

Mugrientas paredes que escurren orines, pasajes techados con pestilencias. Moscas. La literatura suele omitir el escenario allí donde lo que importa es la anécdota. En este lugar la historia pasó, ya fue. Apenas algún poeta alucinado puede despellejar de su memoria un minotauro de palabras. Ya no hay talismanes de fracasos heroicos, mucho menos el retorno de algún eco. El laberinto se pierde en sí mismo, se empuja, se laberinta... y se desvanece en la escritura de un relato episódico. El alucinado poeta, tauromínimo de patas embostadas, narra la piedra: no edifica versos; narra la piedra para crear un muro. Y tal prodigio es mejor ventura pues otorga sentido al futuro.

Aún queda algo por hacer: trepar, trepar, trepar.

Entonces, Teseo y Aquiles salen del cabaret. Entonces, entra Troya en el caballo. Teseo y Aquiles salen del cabaret. Borrachos, obscenamente borrachos, saturados de insultos y alcohol, abofeteados por los labios sexuales del suburbio. Han olvidado, esa madrugada empantanada, todos los nombres y todas las historias: gozan del arcaico privilegio de sentirse humanos. Uno dice al otro, no incumbe a este relato quién de los dos enuncia:
- "No vuelva nunca más, siempre vaya.

El regreso es un acto inadmisible en los espacios y en los tiempos que hemos definido. De ahí que las intenciones para recuperar el pasado, retornar al terruño, volver a los amores viejos, colman el espíritu de angustia y melancolía. No diga "vuelvo", diga "voy". Comprenderá lo que afirmo apenas sus labios pronuncien las palabras: "Voy a mi hogar olvidado, voy a mi pequeña niñez herida de jazmines".

Teseo y Aquiles vomitan sobre las paredes de un poema. Solos, apenas observados por dioses enjaulados en los estantes de una biblioteca. Aún les queda algo por hacer: trepar, trepar, trepar. Entonces, entra Troya en el caballo. Entonces entra Troya en el caballo. La luna ya bajó del cielo y colapsa, mácula de cráteres, en el filo justo del muro. Su cara siniestra observa lo que nos oculta el muro, el estigma del horizonte. Asoman los astrólogos por su lado oscuro e irrumpe su jerga en el telar: acromatizar la luz del hemiespacio incidental, catóptricas que acechan por doquier, dióptricas en las superficies refringentes…

¿Volver? Ni en pedo. No. No me lastimes las cornisas del alma. No es posible observar sin perturbar lo observado. Corceles bíblicos, hartos de tolerar a sus jinetes, nos preguntan:

- ¿Ganar el premio o evitar el castigo?

Y repiten: - ¿Ganar el premio o evitar el castigo?

Ganar el premio o evitar el castigo.

Nosotros, nosotros, nosotros, más preocupados por evitar el infierno, desatendemos al paraíso.

Aún queda algo por hacer:
La escalera la necesitamos, sí o sí, antes de que amanezca.







(Un papel, manoseado por el viento, donde se lista: Hierro ángulo; 1 ¼ x 1/8; 6 elementos, 2700 mm; 2 piezas, 3808 mm. Hierro planchuela; 1 ½ x 1/8; 15 piezas, 2660 mm; 9 piezas, 1978 mm. Hierro redondo; 5/8; 39 piezas, 410 mm. Paso escalones, 300 mm).







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Silvina Vital | Aunque nunca

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Silvina Vital | Aunque nunca


De repente reconoció cómo había cambiado él con los años, cómo aquel muchacho alguna vez flacucho e inseguro no sería tan reconocible ya en el hombre de hoy. Y luego observó a su compañera, de algún modo detenida en aquel instante de la vida que logró convertirla en una niña adulta. Su mirada reforzaba esa impresión, y su diálogo era maduro e ingenuo por igual cada vez que hablaba de su último viaje o de su último libro o de sus juegos de infancia. La escuchó quejarse por enésima vez mientras manejaba, implorarle que diera la vuelta y regresaran a casa. Los sistemas de salud han sido creados para no hacer más que correr al médico y convertir la carrera en un largo drama de hospitales y operaciones que sólo prolonga la agonía de la partida –eso decía por enésima vez. Hubo finalmente algo así como una respuesta violenta de él, de lo inevitable de las visitas a hospitales, de que ya basta. Y luego ella permaneció en silencio el resto del camino, y él no tuvo entonces modo de saber si había cerrado los ojos porque se había entregado o si es que rezaba –aunque nunca supo que ella alguna vez hubiera tenido un dios.





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Silvina Vital | El Rebaño

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Silvina Vital | El rebaño


La historia es simple: El rebaño estaba listo y pronto sería intercambiado por las cincuenta rupias convenidas. Cincuenta ovejas por cincuenta rupias, ése era el acuerdo. Aprovechando un descuido, el pastor subió cuarenta y nueve ovejas al carro del mercader; el mercader, en cambio, depositó cuidadosamente las cincuenta rupias, una a una, en las manos juntas en cuenco del pastor. El mercader llevó el rebaño a su puesto en el mercado, y lo dispuso en exhibición en un corral. Colgó un cartel que decía: “1 oveja: 5 rupias”. Al cabo de un rato, casi todas las ovejas habían sido vendidas –incluso las ya enfermas habían pasado por sanas. Quedaban sólo las últimas cinco cuando llegó el senador. El hombre poderoso pretendió llevarse el remanente del rebaño, así que depositó en las manos del mercader una bolsa rústica con veinticinco rupias, y apresuró el trámite de su partida. Veinte de esas rupias, afortunadamente, eran legítimas. El senador le ordenó a su siervo arriar las cinco ovejas hasta el corral en su morada, y partió primero confiado de su súbdito. El siervo caminó cierto rato hasta la morada de su amo, pero llegó con sólo cuatro ovejas pues la tentación fue grande; atinó a explicarle a su amo, sin embargo, que una se había extraviado en el camino. La oveja desviada en el rancho del siervo fue recibida con júbilo por la esposa del hombre. En el rancho, la mujer fue la encargada de esquilar primero al animal y luego matarlo. La mujer guardó la lana en un saco para tal fin, y corrió a dársela a su amante a cambio de sus servicios y su silencio. El esposo sólo supo que nada más la carne pudo rescatarse de la oveja, pues las pulgas y las garrapatas ya habían hecho estragos en la lana del animal al momento de la esquila. El hombre en poder de la lana colgó luego en su casa un cartel que decía: “calcetines y chalecos tejidos: 50 rupias – pago anticipado”. Acabada ya su ronda con las ovejas, el pastor vio a lo lejos en la comarca el cartel del tejedor; se acercó a paso lento entonces a hacer negocio. “Calcetines y chaleco; aquí tu dinero. Yo estaré en la colina con las ovejas, pero cuando hayas terminado, mi mujer estará en la casa para recibir las prendas”. No hubo testigos de ese acuerdo ni de la paga entre pastor y tejedor, y el hombre aseguró con cara de piedra que sólo le fue encargado un chaleco sencillo… Tejedor y pastor, al fin, salieron impunes y parejos. Y el senador. Y el siervo. Y la esposa. Al menos mientras puedan verse en las colinas inciertos números de ovejas intercambiados por exacto número de rupias una y otra vez, deberemos asumir que ciertas historias simples siempre se repitan.





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Sergio Francisci | Jamlet al Sur

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Sergio Francisci | Jamlet al Sur


De noche, con los oídos puestos en la luna,
se escucha el andar de los caminos


Que Jamlet al Sur es Dublín, que Isidoro es Saladillo. Que el mapa es el tesoro y que vos sos el mapa y el camino.

Dice un cantor orillero:
“Solía navegar hasta el fin del mundo
Zarpaba las noches de luna llena” [1]

Dice una voz en las redes de pescadores: “A veces miro mis pies y me pregunto
por qué estarán tan lejos de mi cabeza
entonces me arrodillo y todo se ve más claro” [2]

- ver claro y brotar en el camino
- para no caminar de rodillas...

Las alas de un pájaro cruzan la noche del cielo. Si miran con los ojos cerrados, se escuchan cuentos. Cuenten…

- de tanto mirar la luna
- es que debe haber un lugar en la noche, vecina
- y alguien con quien contar los cuentos...

Hay noches que sin vos son ciegas ventanas oscuras...

Pero ahora venga usted, deje de lavar esos platos y bailemos…
Bailemos la plegaria del fabulante que cuenta:

“Que tu sombra acompañe las huellas por labrar; abandoná sin remordimientos las que se aferren al paso dado.
Que los desiertos te abran el horizonte cuando el alma se te marre a un recuerdo.
Que los bosques templen tus miedos atroces en las costillas de un lobo.
Que los pueblos no te oculten el camino cuando escuches la voz de sus calles.
Que los hombres no humanicen tus gritos desesperados.
Que los sueños no te despierten en la mitad de un milagro.
Que las palabras te signifiquen cuando te busques en los laberintos de un relato.
Y Que la lluvia te llegue del cielo y no de los dioses. [3]

Venga, deje de lavar esos platos y bailemos…
Que el mapa es el tesoro y que vos sos el mapa y el camino.

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[1] Ber Stinco | [2] Mercedes Mayol | [3] Diógenes Hozté






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Silvina Vital | Archivos de la Memoria

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Silvina Vital | Archivos de la memoria


Ayer vinieron por los archivos del Palacio de Justicia –que ya no imparte justicia desde hace mucho. Antes de ayer fue la Biblioteca Nacional, y previamente habían sido las bibliotecas populares y las imprentas barriales. Las revistas de circulación masiva en los claustros universitarios fueron desapareciendo lentamente y en silencio; una lástima que nadie dijera nada entonces -a veces la cobardía es más tirana que el propio déspota. Se ven humeantes todavía las dos cúpulas del Museo Histórico desde mi ventana, y sospecho que han acabado ya con casi todos los registros escritos de la historia.

Nosotros somos unos pocos nomás, y sí, tenemos encerrado al abuelo. Por suerte está tranquilo y de buen humor, y evidentemente él está ausente de todo allá afuera. Sabemos que una vez acabados los libros también vendrán por él. Mas lo que ellos ignoran es que el anciano nos ha contado, con su pasado tan presente, todo y todo una y otra vez, cientos y cientos de veces.




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Cintia Ceballos | Y llueve

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Cintia Ceballos | Y llueve


Ya no sabría decirte si hay algo que deba decir
e inmediatamente llueve,
primero lentamente, de manera imperceptible.
Las manos ocultan la razón que la caricia le confiere.
Después se llena el cielo de nubarrones negros,
todos corren al refugio que la sensación de paredes les confiere
y ya no sabría decirte si hay algo que deba decir
e inmediatamente alguien dice algo más contundente,
y todos oímos, palabras más, palabras menos, algo acorde 
a lo que nuestra propia realidad le confiere. 
Podríamos estar bajo los árboles, sólo fueron un par de gotas,
te lo dije…
Llevados por el pronóstico, desoímos nuestro propio deseo,
y ya no sabría decirte si hay algo que deba decir
mientras un sin número de inocentes se mueren
y llueve.





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Cintia Ceballos | Ni tan real ni tan absoluto

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Cintia Ceballos | Ni tan real ni tan absoluto


Ni tan real ni tan absoluto,
asistimos a la manifestación
de los primeros colores. Se fue dando de manera
paulatina y creciente,
extendiéndose por milenios.
Fue también del mismo modo
que ojos y manos
se manifestaron
con una razón primera.
Al rostro chato y uniforme
se le dibujaron con la timidez
de un esbozo, pequeñas o profundas hendiduras,
relieves y caminos venturosos.
Del tronco, raíces y ramas
se alargaron en camino
milimétrico y lento,
hasta encontrar las raíces un tope
y las ramas un ramillete de cinco yemas
habilidosas y maravillosamente
inquietas.
Ni tan real ni tan absoluto
asistimos a la manifestación
de los primeros colores.
Cuenta la leyenda que antes de ser
manifiestos y corpóreos,
todos tuvimos casi el mismo sueño:
unidos en abrazo solidario
asistíamos a la manifestación de los primeros colores,
amanecidos, mojados, enlodados, florecidos, asoleados y cubiertos de
estrellas.
Cuenta la leyenda que supimos de inmediato cuál era la labor primera,
fundacional y primigenia,
manifiestos ahora en diversos recipientes,
debíamos recordar el sueño, reconocernos y reconstruir el abrazo
lenta y paulatinamente, primero con nosotros mismos, luego con otro
y otros
hasta volvernos un todo
amanecido, mojado, enlodado, florecido, asoleado y cubierto de
estrellas.
Cuenta la leyenda que cada vez que dos o más se encuentran,
el recuerdo del sueño se hace menos borroso.






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Silvina Vital | La luz de escribir

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Silvina Vital | La luz de escribir


Toda la escena en un mismo cuadro: la oscuridad de la madrugada, el despiadado invierno, la agitación de los árboles afuera, la profusión de ideas inconsistentes adentro. “El problema”, pensó, “es ordenar esas ideas para que fluyan en un texto que mi cabeza pueda decir”. Buscó con la mirada la ventana y vio el reflejo de la lámpara en el vidrio –más brillante a esa hora que los vidrios eran negros. Le pareció que las voces venían de la calle de un modo muy extraño hacia ella; eran voces como de una misa o venidas del canto de algún servicio litúrgico. Distinguía palabras en Latín y algunas risas. Podía notar con claridad que había cierta poesía en el ritmo y en la melancolía de las voces. Los sonidos, vistos detrás del vidrio, tienden a sonar como burbujas en el agua; puede uno saber que existen pero no puede uno detectar quién los ha emitido. Como música, las palabras del otro lado de los vidrios negros parecían dichas por una voz propia, pronunciadas con cierta fluidez, acaso ordenando sus ideas turbias. Las voces duraron lo suficiente como para escribir toda una página, y luego los sonidos fueron cesando. Un par de palabras, las dos últimas, se hicieron recurrentes y con eso cerró su página; los vidrios luego derritieron su negrura. Se repitió para sí dos o tres veces las últimas líneas con una especie de gratitud y alivio. Cerró su cuaderno y lo dejó a un costado, y con un movimiento grácil y suave apagó su luz de escribir, diluida ya en la claridad de la mañana.




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Silvina Vital | Lugar

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Silvina Vital | Lugar


uno
“Y uno quisiera tener cincuenta pares de ojos para mirar alrededor, para no perderse nada de ese lugar inmenso. Cincuenta pares de ojos de cualquier modo no alcanzarían para darle la vuelta entera y recorrer el lugar de punta a punta. Y ni hablar que uno debe ser un poco ciego también para admirar la belleza..."

dos
“Cuando uno recorre el espacio pequeño que quedó entre el recuerdo y el olvido, se descubre muchas veces hecho de aromas –aromas de libros, tal vez, o aromas de tardes y de tierra mojada por lluvias de verano, o aromas de cocina, de madre, de pieles, de abrazos".

tres
“Y en los rincones ensortijados de los cajones desordenados, castigados por el arrumbamiento y el descuido, también se halla uno (entre perdido y encontrado por sus jirones de historia)".




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Sergio Francisci | Mañana es mejor

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Sergio Francisci | Mañana es mejor


- Mañana es mejor: habremos nacido un poco más.
- ¿le parece?
- Sée… se lo digo yo que ando cayendo alrededor del mundo. Cayendo y cayendo alrededor del mundo en una órbita que parece perpetua.
- Mireusté, caer alrededor de las cosas es como no tener un lugar.
- Maso. Y encima uno se acostumbra a mirar el mundo como quien observa un grano de arena en el desierto.
- ¿y eso es malo, viejo fabulero?
- De tanto ver un grano de arena puede usted mañana olvidar el desierto universal.
- granos de tiempo, mañana
- mañana tuve un jardín donde florecieron raíces
- esa es una idea oscura, no hay viaje a la semilla en estos tiempos
- Mañana es mejor: habremos nacido un poco más.

- “pinta tu aldea…” seduce la voz del Conejo de la Luna. Falaz, apóstata, ilusorio: fabulante. Ya lo vimos en otras lunas. Ciertas constelaciones lo prefieren romántico, señor blablador.

- que se inscriba entonces en las constelaciones del universo y que procedan mis labios a besar los caminos de tu cuerpo…

- Eso, siga por ahí
- si no ponés cuidado en el jardín, mañana puede ser nunca
- mañana quiero florecer tu vida, mañana después de la noche, mañana antes de la noche, mañana
- mañana voy a verte nunca dicen las redes donde el río del cielo.
- porque lo prohibido en el río puede pecarse en el cielo y a cielo revuelto, ganancia de pecadores.
- ¿y qué hago con estas notas?
- lleve, mañana me escribe algo

- mañana otra vez ayer
- y ojo con dejar para mañana lo que puede deshacer hoy
- ¿por?
- y, hoy usted pugna por algo
- sí
- está bien eso, pero sólo hoy
- ¿por?
- es un asco que mañana vuelva a pugnar por ese algo
- ¿por?
- porque mañana usted habrá de re-pugnar

- Mañana es mejor: habremos nacido un poco más.
- Tabién… vaya, que yo le sigo cayendo y cayendo alrededor del mundo en una órbita que parece perpetua.

- ¿Hoy se escribe lo que pasa o se escribe hoy para que pase mañana?

- Hagamos la prueba. Le escribo. Le abro las hojas a la tarde. Mañana, una letanía de domingo se irá por calle Italia hasta el río. Paranada. El río. Paso por la esquina desnuda de milagros. En una frágil mirada que se torna bruma le hago un cuenco de besos. Y se lo cuelgo en un eclipse que pasa. Para que se lo deje en ojos de gatos de agua y conejos voladores. Mis mejores compañías esperantes.

Bueno, vamos, ya es suficiente por hoy. Hágame un favor, que en verdad ando cayendo y cayendo alrededor del mundo sólo para alcanzar a la luna. Si la ve por ahí. Dígale usted que de amarla existo.

- ¿Algo más?
- Y, un deseo: si me encuentran, busquenmé. .




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Silvina Vital | Y si esta mañana

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Silvina Vital | Y si esta mañana


Y si esta mañana logro terminar mi cuento, entonces el día tendrá sentido, y el aburrimiento de la tarde se esfumará con la lluvia –esa lluvia que, dicen, está por venir. Y por la tarde no sentiría ya culpa por la pila de libros y papeles abandonados por la casa, ni por las tareas domésticas (y banales) que he dejado de hacer desde hace tiempo. Y no sentiré culpa tampoco si el atardecer se pone de silencio y de tedio, y si por hastío se pone tristemente abúlico. Si tuviera yo hoy mi cuento terminado esta mañana podría, de algún modo, justificar el día.

Pero la mañana se despliega lenta, como adormecida por el cielo sin sol, y observo que los movimientos involuntarios del día se hacen tan imperceptibles (uno casi no comprende el paso del tiempo los días nublados), que de repente no sé si es de mañana o si he caído ya en el borde abismal de la tarde, y vuelvo, como siempre, a sentir la nada de los días, con todos los cuentos en veremos.




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Silvina Vital | En una cárcel en las afueras

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Silvina Vital | En una cárcel en las afueras


En una cárcel en las afueras del palacio morían cada año decenas de presos condenados todos a cadena perpetua. El rey era un poderoso líder en esas comarcas y todo desgraciado que contrariara el régimen acababa en una celda en el infame presidio. Mas debe admitirse que se trataba de un monarca bastante benevolente a los ojos de muchos, puesto que el único delito no excarcelable en sus dominios consistía simplemente en atreverse a soñar distinto del rey.




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Silvina Vital | Sueño de Túnel

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Silvina Vital | Sueño de Túnel

Una noche (qué es una noche al fin, más que un breve espacio en el que las luces se atenúan, los pájaros callan y se enciende la luna), una noche es la esfera cómplice de la luz errática de las estrellas perdidas en la distancia que se cuela por las ventanas invadiendo los sueños. Y uno sueña entonces con mares azules de cielo en las noches de luna llena; sueña que navega uno hacia alguna parte, movido por el impulso de las olas y con la intención de llegar (sólo eso, la intención de llegar, pues poco importa el lugar de destino). Sueña que las olas empujan el bote hacia alguna parte –perceptible, irremediablemente hacia adelante- y sueña que la travesía se extiende por las aguas opacas de costas desconocidas. Y de repente un suspiro, un ruido, un fantasma; la voz de un ángel o de un niño o de un viejo, que lo nombra a uno y le da la mano para llevarlo a otras aguas más profundas, acaso eternas y oscuras. Y uno decide soltarse, decide dejar de soñar, y se despereza entre las sábanas de a poco mientras la luna se va apagando y los pájaros vuelven cantando a su rama.



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Macedonio Hernández | CARTERO

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CARTERO

La oficina de correos del pueblo fue cerrada hace años. Y casi nadie se enteró del suceso. El empleado, que emigró para trabajar en un Call Center, dejó el Móvil de Despachos en un rincón del local público.

Por eso, si alguna mañana por venir, un tipo raro aterriza de una bicicleta y comienza a dar palmas en la puerta de su casa, con un sobre de papel entre los dedos, dígale a sus gatos que no se asusten, mileidi: ese tipo es el cartero.

Es más le digo, si tiene un minuto para escucharme: el tipo soy yo. Y la bicicleta es el móvil que fuera abandonado en la oficina del correo.

Por eso, si alguna mañana por venir, una carta con olor de limón le llega a sus manos; no se asuste, mileidi: no son malasnuevas. Y el perfume limonero resulta de haber llevado la carta en la bolsa de la verdulería.

La oficina de correos del pueblo fue cerrada hace años. Y casi nadie se enteró del suceso. Esto de habitar Babel es así.

En la esquina hay un buzón abandonado. De pie. Firme, que ni la lluvia ni el viento. Le intuyo la panza habitada por oscuras colonias de insectos. Supe tentarme para meter de vez en cuando algún sobre en su boca buzonera. Pero pensé que tal obrar le asignaría función de tacho de basura público. Y el honor es el honor.

Así es que, de vez en cuando, le llevo flores que se caen de pura intuición angelical desde el cielo de las ramas de un árbol de la plaza. Y se las dejo al pie. Como postdata.

Pero le sigo contando. Estaba diciendo que si alguna mañana por venir, me le aterrizo de la bicicleta en su casa, mileidi, con una carta que huele a limón; acéptela, por favor. Y no sólo se lo pido como gesto que recrea la ilusión de un correo, de un cartero y de un buzón. Le celebraré la gentileza porque esa carta fue escrita por mi mano haciendo uso caligráfico de un lápiz 2B refugiado en la mochila de viajes.

Y en esa carta le hablo de mi amor por usted: qué otra expresión puede habitar el ánima de mis fabulaciones. Y le agrego algunos deseos de resistir haciendo cosas que el presente acorrala de olvido. Así que también le pido ayuda. Que me ayude. Que me cuente. Que me escriba. Que no se olvide. Porque es lindo estar esperando que lleguen cartas. Y si son de amor, mejor. Cartas escritas a dedo y lápiz, como caricia de palabras. Para que cuando nos desconecten de internet, Babel no termine por dejarnos llenos de nada. Y solos. Y ciegos. Y mudos.

Vamos mileidi. Ahora venga y lléveme a soñar. Que esta noche quiero ser hoja para que sus manos escriban un cuento de cartas que huelan a limón.
Y a revolución de besos en Babel.








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Elizabeth Costello

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J.M. Coetzee
Elizabeth Costello
Mondadori| 2004 Traducción: Javier Calvo Perales







Consultas en: correodeanimas@gmail.com


La mayoría de los libros que compila la LIBERÍAdeÁNIMAS provienen de bibliotecas personales. El gesto de ceder objetos de valor para colaborar con el financiamiento de nuestros proyectos culturales, nos conmueve el alma.
Agradecemos, también, a los escritores que suman su obra a los catálogos.
Estos sucesos cuasi-mágicos nos ayudan a creer que la construcción de CASAdeÁNIMAS es mucho más que la expresión del deseo de compartir un lugar en el mundo.

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Anamaría Mayol | No me olvido del vuelo

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Anamaría Mayol | No me olvido del vuelo

He quebrado las máscaras
transitado
sobre mis propias muertes

Me he visto trasmutando
de gaviota a paloma
de halcón a águila

he comido mis vísceras
regresado en mujer

me encuentro parada
en mis dos piernas
transito
el último tramo del camino

aún guardo las alas
en los rincones

No me olvido del vuelo.


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Mónica Lehmann | Nocturno

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Mónica Lehmann | Nocturno

Vencidos, navegando entre sombras,
viajan esos miedos, polizones,
escapándose de aquella playa templada,
donde el amor ha tomado las armas,
llenándola de soles y revoluciones.
En la ventana, en el café, en la piel,
en cada rincón del tiempo, en la huella de tu almohada,
buscando llenar huecos con su venganza,
se enfrentan esos recuerdos voraces,
matando constelaciones de esperanza.
Al filo de la noche se sublevan
en frenética conspiración con el amor,
las voces que desde el olvido llevan
ofrendas para el dolor.
Ya la noche se hace leyenda,
desparramando sus huellas de azules,
y vienen tejiendo, el destino con el azar,
tu misterio por ésta senda.
En silencio, se están acercando,
como esos silencios procaces,
esa mirada, esas manos, ese mar,
que de ésta suerte traviesa ya no se quieren callar.
Y haciéndole frente a los miedos,
sobrevivientes de aquella noche náufraga,
me abrigan tu mirada, tus manos,
rompiendo, como cristales de sombra,
ese espejo de nostalgia que te nombra.


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Yanina Cugiani | Padre Nuestro

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Yanina Cugiani | Padre Nuestro

Cuento, marco, camino, me encuentro,
admiro, me pierdo, vomito, me paro y me caigo seguido.

me pierdo, me encierro, castigo, me encorvo,
me asusto, busco refugio, sigue el miedo...
me defiendo, sigue el miedo.

Me endurezco, me ablando, me arrugo,
me callo, escucho la verdad, cierro los ojos, me oculto,
me embrollo, me enredo y me desenredo, pero vuelve el miedo.

Me ahogo, me ahogo,
me voy, me voy
me caigo, me voy, me ahogo,
me veo, me ayudo, me enojo
y me perdono.

AMEN.


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Quique Quagliano | Decires

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Quique Quagliano | Decires

Decir, le parece sencillo. Sin embargo, sabe que toma un arduo trabajo como de labranza decir aquello que se sabe y no se quiere, o que se quiere y no se sabe, o no se puede.
Un caminante ensimismado marcha bajo su propia carga, sin mirar a los lados. Él en cambio, aligera su mochila y troca carga por palabras, y sigue caminando.
Sabe también que si una palabra se puede sembrar, es de esperar que sea regada y florezca en miles de decires espléndidos, todos igual de fragantes, listos para ser repartidos pero sin podar.
Simplemente, allí están, para ser luego devueltos con una mirada.


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Silvina Vital | Confraternidad

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Silvina Vital | Confraternidad

El Amici 73 fue lanzado desde la plataforma de Cabo Cañaveral exactamente a las 7.45 hora local. Su misión: surcar los cielos en busca de vida interestelar y crear vínculos de amistad y confraternidad. El cohete es tripulado por un reducido grupo de expertos entre los que se hallan tres astronautas, un físico, un matemático, un operario y un bufón, cada uno con el objetivo claro de llevar a otros mundos en la oscuridad de los cielos, el mensaje de hermandad propio de la comunidad terrícola.

Un sistema de audio digitalizado se extiende por todos los rincones del Amici 73 para mantener el espíritu radiante de los tripulantes durante todo el viaje; el sonido de violines y de algunas violas ocasionales ameniza la atmósfera artificial de la cápsula las 24 horas sin interrupción. El principio detrás de la metodología: la música, regalos de los dioses, logra disipar las ansiedades de los humanos cautivos a la deriva en el espacio.

Desde un principio la música acompaña cada movimiento en el interior de la cápsula e influye positivamente en las comunicaciones personales. Al cabo de unos días la música, redundante en sonidos, homogénea en su estilo, comienza a interferir en el humor de la tripulación, y los intercambios dentro de la cápsula se vuelven más discutidos, más ríspidos. Los sonidos de violines enturbian el pensamiento de dos de los astronautas, y hartos de tanta cuerda, ambos recurren al uso de protectores para los oídos. El operario sigue luego el ejemplo. El físico y el matemático se tornan intolerantes uno con otro y discuten de ciencia, de astronomía, de cálculo, y de tripas de nylon para violín. El otro astronauta, cansado de tanto sonido y tanta gresca, se coloca también sus protectores. El bufón –el más gregario de los tripulantes- casi enloquece con la casi inexistente comunicación con sus compañeros, sumada ésta a la solitaria vista oscura del universo y a los perturbadores caprichos de Paganini.

Los últimos en hacer uso de los protectores auditivos son los dos académicos, quienes protagonizan su último brote neurótico con una acalorada discusión respecto de la posición del arco en la ejecución de Markov en el Caprice 24. Los dos expertos cierran la contienda desplazándose en direcciones opuestas, cada uno en busca de sus protectores para oídos, y nunca jamás vuelven a dirigirse la palabra. La tripulación del Amici 73 anda desde el día 324 de su misión por los mares oscuros del espacio exterior rodeada de sonidos de violines y violas que nadie escucha, con expertos con los oídos tapados, sin comunicación lingüística y de mal humor.

Se informa desde tierra a todos los medios de comunicación del mundo que la misión Amici 73 sigue con todo éxito atravesando los desiertos del universo estelar en busca de seres amigables para confraternizar.


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